Dos mil catorce

Hace rato que quería hacer esto de los años, incluso creo que lo hice en una de esas desafortunadas páginas que cierran por falta de usuarios. Pero, en fin, aquí estoy, en el último día del año 2014. Un año que no ha pasado desapercibido por mí, como decir el 2007, o diga usted el 2002, años que ni chicha ni limoná.

Este año, en cambio, me fui de mi casa y me vine a vivir a un país extranjero. Me casé con un tipo maravilloso, pero duré todo el año desempleada y además pasé por unas depresiones macabras. Ese es el resumen.

Del resto de gente: Javier se graduó del colegio y va a estudiar Medicina, lo mismo que Mops. Ambos empiezan. Mi mamá se retiró de Comfa y ahora busca otros rumbos en laboratorio, Nini no se fue a Alemania, pero sigue en la Tecno. Abuela tuvo una especie de ACV hace unos días y milagro de dios, que quedó igualitica. Tía Jose ha sufrido una serie de caídas que le han jodido la memoria y disminuido los bríos. Tía Francy sigue igual. De Papi no sé nada nuevo.

El año ya quiero que se acabe. A pesar de que fue importante, fue también muy duro. La experiencia de la migración y de “rebelarme” contra el sistema, la familia, y dirían algunos, el sentido común fue, por demás, emocionalmente agotadora. Es que irse así…

Pero las razones que me trajeron aquí son simples; Jao y mis ganas de zarpar para explorar otras orillas y también trabajar en lo que me gusta. Sí, lo hice ahora porque puedo, porque cuándo más, porque no tengo nada que perder y porque no quiero preguntarme después: y qué hubiera pasado si me hubiera ido a mis veintitantos años a vivir con mi novio a Nueva York (Nueva Jersey, pero Nueva York suena más peliculero) y ver qué posibilidades me ofrece la vida allá?

De todas maneras, siempre tendré mi casa en Cartagena y allí volveré tantas veces como pueda y ojalá algún día para quedarme, con Jao. Ambos tenemos el corazón allá.

En el plano corporal o, mejor, el  ámbito de la salud, se nota la llegada de las 25 ruedas. Se empieza a notar que el cuerpo ya no es el de una jovencita. El alcohol me cae ahora muy mal, así que tomo muy poco. Dejé de trotar, por el frío, pero también por el tobillo fracturado que no me deja correr tanto. El ardor del estómago peor, pero me lo quito con vinagre de manzana. Caramba, cómo sobrevive uno ochenta, noventa años. Con tantos males aquejando a una sola persona.

De resto me invade una ola de optimismo por el año que recién se estrena; el promisorio 2015, pero ahora bien, qué año no es promisorio?
Me encanta la idea de un nuevo comienzo aquí, de los proyectos que tengo junto con mi esposo, de nuestras ganas de comernos el mundo. Me encanta el mundo de posibilidades que ofrece New York y me encantan mis 25 años. *suena música de Frank Sinatra*

 

 

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